ODTE

Transición Energética: ¿cómo vamos?

La transición energética en Chile representa una transformación profunda que va más allá del reemplazo de combustibles fósiles. Implica repensar los sistemas productivos y sociales para alcanzar un desarrollo sostenible y equitativo. El Observatorio de la Transición Energética (ODTE) busca contribuir a este proceso mediante el seguimiento y evaluación del avance del país, promoviendo la participación ciudadana informada. Aunque se han logrado avances significativos —como la incorporación de energías renovables que alcanzan cerca del 70% de la generación eléctrica— persisten desafíos en electrificación, eficiencia energética, asequibilidad y pobreza energética que requieren acciones coordinadas y sostenidas.

Transición Energética, seguridad y un clima desafiante

El inicio del invierno ha estado marcado por lluvias intensas y fenómenos extremos, como el tornado en Puerto Varas y los incendios del verano, evidenciando la urgencia de vincular la transición energética con la adaptación al cambio climático. Desde el siglo XIX, el uso de carbón, petróleo y gas ha incrementado el CO₂ atmosférico, elevando la temperatura global en 1,1°C y alterando patrones climáticos históricos. La transición no sólo busca reducir emisiones, sino también garantizar sistemas energéticos seguros y resilientes ante riesgos climáticos y antrópicos, como fallas operativas o amenazas a la infraestructura. Esto requiere minimizar impactos, asegurar una rápida recuperación y fortalecer capacidades de reacción. A largo plazo, se demandan inversiones en eficiencia, redes inteligentes, almacenamiento, diversificación de fuentes y mejoras en control, operación y anticipación, junto con una regulación cuidadosa de los combustibles fósiles. A corto plazo, es clave optimizar la gestión de riesgos mediante protocolos claros y comunicación efectiva, evitando errores como los ocurridos en la crisis de agosto pasado. Con gran parte del invierno por delante, la seguridad y resiliencia deben consolidarse como ejes de una transición energética exitosa y sostenible.

¡El Observatorio de la Transición Energética (ODTE) ya está operativo y con nuevo material para aportar a la ciudadanía!

Contamos con cada uno de ustedes para aportarnos comentarios y sugerencias que nos permitan mejorar este esfuerzo.

El año 2024 fue un año de importantes avances en la transición, pero se observa también con mayor claridad la brecha que aún se debe salvar, por lo que la ruta hacia adelante requiere más claridad y más orientación para consolidar los avances y progresar en los plazos necesarios para cumplir con el objetivo al año 2050. 

Algunos ejemplos nos revelan esta doble realidad.

En el año 2024, el sector eléctrico alcanzó casi un 70% de generación renovable (es decir, incluyendo a todas las fuentes de generación no fósil) con cerca de un 40% de la electricidad generada por fuentes renovables no convencionales (las renovables con excepción de las grandes hídricas).  Estos valores son un récor para Chile y reflejan un sostenido crecimiento de la participación de las nuevas energías renovables, aunque también responden a un año particularmente lluvioso que permitió aprovechar la capacidad instalada hidráulica.   Sin embargo, la electricidad representó sólo el 22% de la energía total del país por lo que aún con 100% de generación renovable estaríamos lejos de un sector energético bajo en emisiones.

¡Bienvenidos al Observatorio de la Transición Energética (ODTE)!

Durante las próximas décadas, nuestra sociedad transitará por múltiples cambios en sus sistemas energéticos. Estos cambios, impulsados inicialmente por el cambio climático, con un sector energético responsable de cerca del 80% de las emisiones de los gases de efecto invernadero, deberán hacerse cargo también de los desafíos de costo, eficiencia, seguridad y equidad que la sociedad exige.  

Será una transformación radical que impactará nuestra forma de vida, pues la energía sostiene toda la actividad humana: desde la iluminación y el funcionamiento de los artefactos que usamos a diario, hasta la preparación de nuestros alimentos, la calefacción y la ventilación de nuestras edificaciones y nuestros múltiples desplazamientos cotidianos.  Ningún espacio de nuestra sociedad será igual al cambiar los sistemas energéticos, involucrando a toda la ciudadanía en el proceso.

Como todos los grandes cambios sistémicos, los desafíos son múltiples y complejos, pues no se trata sólo de cambiar una fuente de energía en particular sino de cambiar los sistemas completos en un proceso sostenido que vele por las múltiples necesidades de nuestra sociedad.  Para lograrlo, deberemos contar con todas las capacidades de nuestra sociedad, no sólo las de los expertos, o de los gobiernos o empresas, sino muy especialmente a la capacidad creativa de nuestras ciudadanas y ciudadanos.   Juntos deberemos buscar soluciones que permitan cumplir el objetivo de reducir emisiones mientras avanzamos hacia un país más próspero y justo.