La imposición de aranceles de manera unilateral anunciada por el presidente Trump para productos provenientes de China, México y Canadá ha vuelto a poner de moda el término “guerra comercial”1. No olvidemos que esta estrategia, cuya finalidad principal para los Estados Unidos (EE.UU.) es disminuir el déficit comercial existente e incrementar la producción interna de bienes que permita en parte reactivar la economía, comenzó en el primer mandato del presidente Trump.
Sin embargo, EE.UU. no ha sido el único en imponer aranceles de manera unilateral, ya el año pasado la Unión Europea (UE) impuso aranceles a la importación de vehículos eléctricos de batería provenientes de China por un período de cinco años, luego de que se verificaran subsidios por parte de este país en parte de la cadena productiva de este tipo de vehículos.
Con una Organización Mundial del Comercio (OMC) con menos injerencia que en los años 90 y con un sistema de resolución de controversias que no ha podido avanzar en sus acuerdos, la imposición de aranceles por parte de un conjunto de países que representan aproximadamente un 60% del comercio internacional puede generar efectos insospechados. Como referencia, tomemos en cuenta que los 164 países miembros de la organización representan cerca del 98% del flujo de comercio mundial.
En este contexto y en un análisis simplificado, la imposición de aranceles extraordinarios va a generar movimientos en los flujos del comercio internacional. Por una parte, los productos afectos a los nuevos gravámenes serán más caros en los mercados donde rigen los nuevos aranceles, afectando los precios al alza si los importadores deciden traspasar el sobrecosto a los consumidores, provocando una baja en su demanda. Esta situación no es extraña y ya se produjo en EE.UU. cuando el presidente Trump impuso aranceles a China durante su primer mandato.
Para los países que sufren esta medida, en un principio la producción podría reorientarse a nuevos mercados, favoreciendo a aquellos mercados que ante una oferta excesiva de productos o materias primas observarán menores precios. A su vez, si el mercado “externo” es importante para las empresas afectadas, es posible que trasladen sus plantas de producción a los países donde se impuso los nuevos aranceles. En la medida de lo posible, y que es lo esperado por el presidente Trump, los productores locales, a su vez, comenzarán a responder ante este nuevo escenario de precios y si tienen la capacidad sustituirán los productos importados por producción local. Este proceso dependerá en gran medida si la política comercial se percibe como permanente o transitoria.
En particular para la transición energética esa situación implica diversos desafíos, más allá de los desafíos propios de la dinámica inherente a ella. Recordemos que a medida que la Transición Energética avance, por sí sola implica un reordenamiento del comercio internacional tanto de la energía misma (o los vectores energéticos) desde países productores de petróleo y sus derivados hacia el resto del mundo, que se redirecciona desde los países que generan energías más limpias (en general países menos desarrollados) hacia el resto del mundo. Este comercio por su naturaleza es mucho más atomizado que el anterior. A su vez se genera un nuevo flujo de comercio de partes y piezas que hacen posible la existencia de las nuevas formas de generación de energía que, dada la geografía mundial, debería darse desde países que cuentan con la tecnología necesaria hacia los países ricos en recursos naturales, atributos que no siempre coinciden en un solo lugar. Este es un proceso en desarrollo.
Los aranceles extraordinarios añadirán otros movimientos a lo descrito anteriormente. Una posibilidad es que en un comienzo las cadenas de suministros relevantes a la Transición Energética se vean interrumpidas o al menos ralentizadas para una serie de productos tanto finales como para materias primas que se verán afectadas por los nuevos aranceles. En este caso particular, se verán afectados, entre otros, los componentes para las baterías que permiten el almacenamiento de energía tanto para la electromovilidad como para las fuentes solares o eólicas, partes y piezas necesarias para la generación limpia y el comercio de los metales necesarios para la Transición. Esta situación retrasará las metas de generación limpia para los países afectando los objetivos impuestos por los acuerdos internacionales respecto a la disminución de gases efecto invernadero (GEI).
Del mismo modo, las metas de emisiones de CO2 también se verán afectadas por los aranceles impuestos a los autos eléctricos provenientes de China por parte de la UE y EE.UU. Ni el bloque europeo ni EE.UU. tienen aún la capacidad de producción propia para el recambio del parque automotriz de combustión interna por elementos eléctricos a la velocidad requerida2.
De esta manera, los aranceles no son una buena noticia para la transición energética. No obstante, siempre debemos mirar el “vaso medio lleno”. Para nuestro país esta nueva realidad puede ser un incentivo para potenciar la industria local y el comercio en la medida de lo posible. En Chile tenemos litio, cobre, minerales críticos,tierras raras,todos insumos imprescindibles para la Transición Energética cuya producción y comercio podemos potenciar más allá de lo que hasta el momento hemos hecho. Por otra parte, si los países cercanos comienzan a producir los elementos necesarios (Brasil es un muy buen candidato) para continuar con la transición energética, la cercanía de nuevos proveedores puede generar grandes ahorros al proceso, además de convertirse en nuevos mercados para nuestras materias primas. Finalmente, en el interín, podemos aprovechar los beneficios de la desviación de comercio que se generará comprando la tecnología que nos falta a menores precios y abriendo nuevos mercados a nuestras materias primas. Pero, el principal problema es que todos los ajustes requieren tiempo.
Según la IEA en 2015 los principales fabricantes de automóviles representaban en conjunto el 55% de las ventas mundiales de automóviles eléctricos. En 2023, su participación había caído al 30%, mientras que los fabricantes de automóviles chinos se han posicionado con más del 50% de las ventas mundiales.
- El término “Guerra Comercial” se utiliza cuando un país o grupo de países impone medidas que limitan el comercio. Estas medidas pueden ser aranceles, barreras para arancelarias u otro tipo de prohibiciones al comercio de bienes y servicios. En general una medida de este tipo provoca una reacción por parte del país o grupo de países afectados. El objetivo principal de la imposición de este tipo de medidas se relaciona al proteccionismo con la finalidad de proteger a la industria local, aunque puede tener otras motivaciones. ↩︎
- En 2023 China dominó el sector de vehículos eléctricos con cifras récord con más de 30 millones de vehículos producidos ese año, lo que equivale a casi un tercio de los automóviles fabricados en todo el mundo. Su capacidad industrial no solo cubre la demanda interna, que también le permite exportar una cantidad significativa de vehículos, consolidándose como el mayor exportador global del sector. Esta fortaleza se debe, principalmente a que China cuenta con toda la cadena de producción, siendo el país líder en la fabricación de baterías, pieza que representa aproximadamente el 40% del valor de un vehículo eléctrico además de tener beneficios y subsidios estatales que impulsan este sector económico. Para el mismo año, EE.UU. fue el mayor importador de autos eléctricos de batería, híbridos e híbridos enchufables, por un valor de 19.000 millones de EE.UU. Lo mismo ocurrió en algunos países europeos, como Bélgica, los Países Bajos, cuyos puertos son el punto de entrada a Europa y que funcionan como puntos de distribución al resto de la UE. ↩︎