A pesar de los grandes avances en el sector eléctrico, el camino por recorrer para una matriz energética más limpia es aún muy largo pues la electricidad es una parte relativamente menor de la demanda final. Actualmente, la participación de la electricidad en el consumo final es cercana a 22%, apenas un par de puntos porcentuales más que en el 2010. Eso implica que la mayor parte del consumo final de energía es provisto directamente por combustibles fósiles y por biomasa.
La transición energética requiere una tasa de “electrificación” creciente pues es la única manera de evitar parte importante de los consumos combustibles fósiles. En Chile, se estima que la tasa de electrificación debe ser no menor al 47% al 2050 (proyecciones de la Planificación Energética de Largo Plazo).