La transición energética es una transformación física que está en etapa inicial y que implica una serie de desafíos abordados en el informe “Lo Difícil: Navegando por las Realidades Físicas de la Transición Energética” (McKinsey). Este documento analiza los obstáculos estructurales que dificultan la disminución de emisiones y, a su vez, propone estrategias para acelerar la adopción de tecnologías de bajas emisiones.
Actualmente, la producción y el consumo de energía representan más del 85% de las emisiones globales de dióxido de carbono. Los avances en tecnologías renovables constituyen el 10% de la infraestructura necesaria para cumplir los objetivos de descarbonización para 2050. Para alcanzar estas metas y abordar la situación actual, la capacidad instalada de energías renovables debe multiplicarse por diez para 2050, además de necesitar inversiones en almacenamiento y gestión de la red para enfrentar los desafíos de intermitencia.
El informe identifica 25 desafíos físicos interconectados, entre ellos, destaca la variabilidad en la generación de energía renovable, la falta de infraestructura para el hidrógeno y la electrificación de sectores industriales de difícil descarbonización, como la producción de acero y cemento. Los mayores desafíos exigentes en la reducción de emisiones presentan ciertas características. En algunos sectores, aún no existen alternativas tecnológicas de bajas emisiones que igualen el rendimiento de las tecnologías tradicionales.
Los desafíos requieren de un enfoque sistémico, al estar interconectados y depender del avance en otras áreas, como el desarrollo de infraestructura para la electrificación o la producción de hidrógeno verde. La transición energética es una transformación técnica y estructural que requiere de un enfoque coordinado e innovador. Este informe busca comprender y proponer estrategias para abordar los obstáculos físicos que enfrenta la descarbonización global.