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Transición Energética: ¿cómo vamos?

La transición energética es mucho más que cambiar combustibles fósiles por energías renovables. Es una transformación profunda de los sistemas energéticos que busca mejorar nuestra calidad de vida al impulsar un desarrollo sostenible. Pero, ¿cómo sabemos si realmente estamos avanzando en esa dirección? ¿Cómo aseguramos que las decisiones que tomamos hoy nos acercan al futuro que queremos?

Por eso, el seguimiento y la evaluación con fundamentales permita medir avances, identificar brechas y corregir el rumbo si es necesario.  El seguimiento y evaluación permiten saber “dónde estamos”, “hacia dónde vamos” y “cómo podemos mejorar”. 

El Observatorio de la Transición Energética busca ser un espacio de análisis riguroso y accesible que permita monitorear los múltiples aspectos de la transición energética en Chile.  Por ello, hemos elaborado un documento con información clara y actualizada para que la ciudadanía pueda supervisar activamente la transición en Chile considerando aspectos diversos como generación eléctrica, transporte, industria, eficiencia energética e impacto territorial, entre otros.

Entendemos que la transición energética no es solo tarea del Estado o de grandes empresas, sino un esfuerzo colectivo. La academia, las comunidades, los gobiernos locales y las organizaciones sociales tienen un rol clave en la construcción de un nuevo sistema energético. El seguimiento y evaluación de la transición energética debe incluir a la ciudadanía para que pueda exigir mejores políticas, apoyar iniciativas locales y tomar decisiones más informadas en su vida cotidiana.  Además, la evaluación fortalece la confianza en el proceso y en los diversos actores que participan en ella. 

El documento Estado de la Transición Energética es un esfuerzo del ODTE por integrar un amplio espectro de información relevante que permita tener una visión completa del proceso de manera accesible.

El trabajo revela que desde 2010, el país ha mostrado avances significativos en la incorporación de energías renovables en la generación eléctrica, alcanzando cerca del 70% de participación en 2024. Sin embargo, hay desafíos estructurales, como la lenta electrificación de consumos, la persistencia del uso de combustibles fósiles en sectores clave como el transporte y la calefacción, y la necesidad de mejorar la eficiencia energética. La transición no solo implica sustituir fuentes energéticas, sino también repensar el diseño y operación de sistemas económicos y sociales que dependen de los hidrocarburos.

La transición energética chilena avanza con importantes logros, pero con desequilibrios y riesgos asociados a la seguridad energética, la asequibilidad de la energía y la equidad social. La calidad del servicio eléctrico, el alza de los precios de la electricidad, y la pobreza energética en hogares vulnerables constituyen igualmente desafíos importantes. 

Hay un importante trabajo por delante para que las transformaciones energéticas se conviertan en un efectivo desarrollo sostenible.